Porqué los machistas tienen miedo a los robots

“Maldito complejo de Frankenstein” decía enfadada Susan Calvin, la sicóloga de robots de los libros de Asimov. Se refería al miedo que tienen los hombres a los robots, esta vieja superstición que el hombre no debe crear, no debe jugar a Dios, porque lo pagará caro.

Susan Amaba a los robots, odiaba a los humanos. Yo amaba a Susan. Los robots eran 100% fiables, los humanos tristes seres ilógicos, llenos de miedos. Si te cuento que además en lugar de estar enamorada de algún rockero, estaba enamorada de Mr. Spock de Star Trek, entenderás que era una adolescente desbordada por las emociones. Ahora voy un poco mejor, gracias.

Pero volvamos a Frankenstein, y al castigo que le espera a quién ‘juega a ser Diós´. Porqué temen los hombres (aquí, bien dicho: tíos, varones, machos, men) a sus creaciones?

Porque piensan que un ser más fuerte, más inteligente, más racional, superior, seguramente llegará a despreciarlos. Y ellos los saben, porque ya lo han hecho. Dejando al lado a Dios, los hombres, aunquesea en su inconsciente, sabes quién los ha creado – este ser inferior, animal, emocional, débil, menos inteligente que desprecian. Mamá. Una mujer.

Y qué le faltaba, de hecho, a la criatura de Frankenstein, qué le convirtió en un monstruo. ¿guapura? No creo. Cualquier sicólogo de Fakebook lo puede diagnosticar – le faltaba Amor. Frankenstein lo creó y lo vio horrible, rechazó su mano extendida, huyó de él y de hecho le abandonó. Ahora, ves a la maternidad y veras los bebes recién nacidos, estéticamente… bueno… pero sus madres y padres los encuentran habitualmente hermosos.

herman4 Tampoco está tan mal…

Frankenstien se emociona con la naturaleza, se apasiona por el conocimiento, ama su grandísimo ego y la idea de tener el poder de dar vida. (Poder que está bastante extendido entre la otra mitad de la población). Pero no ama en absoluto la vida que ha creado. Habla del proceso de creación como su empresa horrible.

La separación de la creación de vida de las emociones, la idealización del raciocinio frío en busca de conocimiento y la creación de vida como experimento, no como experiencia, desde una curiosidad intelectual o la búsqueda del poder, en lugar de la creación desde la entrega, nos deja con ‘hijos’ experimentos, disfuncionales y sicópatas, que pueden pasar la cuenta a sus creadores.

Así que no es intentar ser Dios que se castiga, sino el ser creador frío, el ser mamá o papá sin sentir amor por tu hijo. Si la oveja Doli viviera en el campo, con personas que la amaran y le cuidaran, poco importaría que sea clon. Ser un experimento es solo una distancia. Una falta de empatía con el sujeto.

En la novela ‘Nunca me abandones’ (Never let me go) de Kazuo Ishiguro, los protagonistas son niños clonados ‘criados’ para cosechar órganos. Crecen casi salvajes, en unas granjas escuelas en las que lo único importante es llevarles a la edad de cosecha en buen estado. La mirada empática sobre sus vidas nos recuerda que la vida, en el momento que es dada, es completa. Y una vida dada sin empatía, crea horror. Este horror, finalmente, es la causa del miedo de los hombres a los seres creados, robots, IA, clones. Damos la razón a su imaginada venganza, porque sabemos que les hemos fallado como padres.

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